Koalas contra el tiempo: la batalla científica para salvar a una especie entre enfermedad y fragilidad genética

En lo alto de un eucalipto australiano, una hembra de koala observa con aparente calma a un grupo de investigadores. Minutos después, será capturada con cuidado para someterse a un chequeo médico que podría revelar una de las mayores amenazas para su especie: la clamidia, una enfermedad que afecta a gran parte de las poblaciones de koalas en Australia continental.

Causada por la bacteria Chlamydia pecorum, esta infección puede provocar ceguera, infertilidad, neumonía e incluso la muerte en estos marsupiales. En algunas regiones, hasta el 88 % de los koalas están infectados, lo que ha convertido a esta enfermedad en una crisis sanitaria que pone en jaque su supervivencia.

Sin embargo, existe un lugar donde la historia es distinta: Isla Canguro. Este territorio, separado del continente por apenas 13 kilómetros, alberga la mayor población conocida de koalas libres de clamidia. Paradójicamente, su aislamiento —que los ha protegido de la enfermedad— también ha generado otro problema crítico: una peligrosa falta de diversidad genética.

El origen de esta fragilidad se remonta a la década de 1920, cuando apenas unos 20 koalas fueron introducidos en la isla para proteger la especie del comercio de pieles. Con el paso del tiempo, la población creció hasta decenas de miles, pero todos comparten un acervo genético limitado. Hoy, esa endogamia se traduce en deformidades, problemas reproductivos y una menor capacidad de adaptación a cambios ambientales.

Ante este escenario, investigadores de la Universidad Flinders, liderados por Karen Burke Da Silva y Julian Beaman, han puesto en marcha una estrategia sin precedentes: un rescate genético a gran escala. El objetivo es introducir koalas del continente —genéticamente diversos y libres de la enfermedad— para fortalecer la población de la isla y, posteriormente, utilizarla como fuente para repoblar otras regiones.

El proyecto no es menor. Implica analizar ADN, seleccionar cuidadosamente a los ejemplares compatibles y permitir su reproducción en entornos controlados pero naturales. La meta es crear una población robusta, capaz de resistir tanto enfermedades como los efectos del cambio climático y la pérdida de hábitat.

La urgencia de esta iniciativa se hizo aún más evidente tras los devastadores incendios del Black Summer bushfires, que arrasaron gran parte de Australia entre 2019 y 2020. En Isla Canguro, el fuego acabó con cerca del 80 % de los koalas, reduciendo la población a unos 10.000 individuos. La catástrofe no solo disminuyó su número, sino que acentuó aún más los problemas genéticos.

A esto se suman amenazas humanas. La tala de plantaciones de eucalipto —refugio y alimento esencial para los koalas— ha provocado la muerte de numerosos ejemplares por inanición o heridas. En respuesta, los científicos, con apoyo privado, crearon el The Koala Sanctuary, un espacio protegido que resguarda a cerca del 10 % de la población restante de la isla.

Aunque la clamidia puede tratarse con antibióticos, el proceso es complejo y no previene reinfecciones. Una nueva vacuna aprobada en 2025 ofrece esperanza al reducir la mortalidad en poblaciones silvestres, pero su aplicación a gran escala sigue siendo un desafío logístico.

El plan de los investigadores es claro: primero restaurar la diversidad genética en Isla Canguro y luego trasladar koalas sanos y resistentes a zonas del continente con baja incidencia de la enfermedad. Si tiene éxito, este modelo podría marcar un antes y un después en la conservación de especies.

Actualmente, el koala está clasificado como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Aunque aún existen cientos de miles de ejemplares, su distribución fragmentada y su vulnerabilidad genética los colocan en una situación delicada.

Más allá de los datos científicos, el proyecto también busca integrar a comunidades locales, como el pueblo Ngarrindjeri, reconociendo la importancia cultural del territorio y promoviendo una relación más equilibrada entre humanos y naturaleza.

Salvar a los koalas no es solo una cuestión de números, sino de equilibrio ecológico y responsabilidad compartida. En palabras de los investigadores, el desafío no es únicamente evitar la extinción, sino aprender a intervenir antes de que sea demasiado tarde.

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