Raúl Bolaños propone pausas activas obligatorias en el trabajo

 

Por Bruno Cortés

 

En el Congreso se está discutiendo algo que suena simple, pero tiene implicaciones de fondo en la salud y la economía: moverse más durante la jornada laboral. El diputado Raúl Bolaños-Cacho Cué, del PVEM, presentó una iniciativa para que las empresas estén obligadas a implementar pausas de activación física cuando el tipo de trabajo lo permita, con el objetivo de combatir el sedentarismo que hoy domina la rutina de millones de personas.

La lógica detrás de la propuesta es bastante directa. Hoy, más de la mitad de los adultos en México no realiza actividad física de forma regular, y buena parte del problema no es falta de intención, sino falta de tiempo. Jornadas largas, traslados y cargas domésticas —especialmente en el caso de las mujeres— hacen que el ejercicio quede fuera del día a día. Por eso, la iniciativa plantea llevar el ejercicio al propio espacio laboral.

En términos de política pública, lo que se busca es que el derecho a la salud no dependa únicamente del tiempo libre, sino que también se integre en las condiciones de trabajo. La reforma a la Ley Federal del Trabajo obligaría a los patrones no solo a permitir estas pausas, sino también a fomentar actividades deportivas y culturales, incluso con incentivos fiscales para quienes implementen estos programas.

Aquí entra otro punto clave: la productividad. La propuesta no solo está pensada como una medida de salud, sino también como una estrategia económica. Estudios citados en la iniciativa muestran que cuando las empresas promueven actividad física, bajan las incapacidades, mejora el estado emocional de los trabajadores y, en consecuencia, aumenta el rendimiento. Es decir, empleados más sanos también son más productivos.

Además, se plantea una coordinación entre la Secretaría del Trabajo y la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte para generar lineamientos claros. Esto es importante porque evita que la medida se quede en buenas intenciones y la convierte en una política con reglas, seguimiento y objetivos concretos.

En pocas palabras, lo que se está discutiendo es cambiar la forma en que entendemos el trabajo: no solo como un espacio de productividad, sino también como un entorno que debe cuidar la salud. Porque si el sedentarismo sigue creciendo, el costo no solo lo pagan las personas, también el sistema de salud y la economía en su conjunto.

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