Por Juan Pablo Ojeda
Con una votación unánime de 441 votos, la Cámara de Diputados dio luz verde a una de las reformas laborales más relevantes de los últimos años: la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, sin bajar salarios y con una aplicación gradual. La iniciativa, enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ya fue turnada al Ejecutivo para su publicación.
En pocas palabras, lo que cambia es cuánto tiempo trabajas a la semana y cómo se organiza ese tiempo. Hoy, la ley permite hasta 48 horas; con esta reforma, el límite bajará a 40, pero no de golpe. El ajuste será progresivo: a partir de 2026 comenzará la reducción hasta llegar al nuevo esquema en 2030. La idea detrás de esto es evitar un impacto brusco, sobre todo en pequeñas y medianas empresas.
Desde la lógica de política pública, el objetivo es equilibrar dos cosas que suelen chocar: el bienestar de los trabajadores y la productividad de las empresas. Por un lado, se reconoce el derecho al descanso como parte de la salud y la calidad de vida. Por otro, se da tiempo a los negocios para reorganizar turnos, procesos y costos.
La reforma también aterriza cómo se manejarán las horas extra. Si alguien trabaja más allá de su jornada, deberá recibir un pago adicional: el doble por las primeras horas extraordinarias y hasta el triple si se rebasa el límite legal. Además, se establece que nadie está obligado a trabajar más de lo permitido, lo que busca frenar abusos comunes en algunos sectores.
Otro cambio importante es la obligación de las empresas de llevar un registro electrónico de las jornadas laborales. Esto significa que deberán documentar horarios de entrada y salida y, en caso de revisión, presentar esa información a la autoridad. Si no cumplen, podrán enfrentar multas que van desde cientos hasta miles de Unidades de Medida y Actualización.
En términos prácticos, la jornada podrá distribuirse de común acuerdo entre empleador y trabajador, siempre respetando el máximo legal. También se mantiene el derecho a un día de descanso por cada seis días trabajados y una prima adicional para quienes laboren en domingo.
Uno de los puntos clave es que la reforma no permitirá reducir sueldos, salarios ni prestaciones. Es decir, se trabajará menos horas, pero se ganará lo mismo. Este es uno de los ejes centrales del proyecto, ya que busca mejorar las condiciones laborales sin afectar el ingreso de las personas.
El dictamen también contempla que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social monitoree la implementación de la reforma, recopilando datos para evaluar su impacto en la economía y el empleo. Esto es relevante porque permitirá ajustar la política en caso de que surjan efectos no previstos.
Durante la discusión, legisladores de distintos partidos presentaron propuestas de cambio, pero la mayoría fueron retiradas o desechadas, lo que permitió que el dictamen avanzara sin modificaciones de fondo.
En el fondo, esta reforma refleja un cambio en la forma de entender el trabajo en México. Ya no solo se trata de producir más, sino de hacerlo mejor, con jornadas más humanas y un equilibrio más claro entre la vida laboral y personal.
