Turismo de Nostalgia: Guías para viajar al México de los 90 (sin filtros)

Si creciste comiendo papitas con exceso de salsa valentina en el asiento trasero de un Tsuru, sabes de lo que hablo. Antes de los hoteles boutique con sábanas de 800 hilos y el minimalismo nórdico, el turismo en México tenía otro sabor: el del azulejo color pastel, las televisiones de caja y el olor a cloro de los balnearios.

Hoy, esa estética se busca como «Aesthetic», pero para nosotros es simplemente el recuerdo de las vacaciones familiares. Aquí te presentamos una ruta por esos lugares que se quedaron congelados en la década de los 90.


1. Hoteles con «encanto» noventero: Alfombras y llaves físicas

Olvídate de las tarjetas magnéticas. En estos lugares, la hospitalidad se quedó en la época de Siempre en Domingo.

  • Hoteles de paso en la carretera: Aquellos con fachadas de piedra volcánica o pintura color durazno. Entrar a uno de estos hoteles en ciudades como Querétaro o San Luis Potosí es reencontrarse con la colcha de flores rígida y ese jabón chiquito envuelto en papel que apenas hacía espuma.

  • Acapulco Tradicional: Si quieres el «mood» 1994 total, busca los hoteles cerca de Caleta. El mobiliario de mimbre, los ventiladores de techo ruidosos y las albercas con toboganes de concreto te harán sentir que en cualquier momento va a aparecer Luis Miguel.

2. Balnearios: El imperio del azulejo azul y el concreto

Nada grita «años 90» como un balneario de aguas termales en Hidalgo o Morelos. Aquí no hay infinity pools, hay albercas olímpicas con trampolines de metal que hoy serían ilegales por seguridad.

  • Las Estacas o Oaxtepec: Aunque se han modernizado, mantienen esa esencia de «día de campo familiar». La hielera de unicel, el sándwich aplastado y el sol pegando sobre el concreto caliente son parte de la experiencia sensorial de una década que no conocía el bloqueador solar biodegradable.

3. Carreteras detenidas en el tiempo: Paradores y «Cabañitas»

Viajar por la Libre a Cuernavaca o la antigua carretera a Puebla es un ejercicio de arqueología moderna.

  • Restaurantes de madera y teja: Esos paradores donde el menú está impreso en una lona desgastada y la especialidad son las quesadillas de comal.

  • Gasolineras con diseño retro: Todavía quedan algunas estaciones de servicio con la señalética de Pemex previa a los 2000, donde el tiempo parece avanzar más lento entre cerros y neblina.


¿Por qué nos atrae lo «viejo»?

No es falta de presupuesto, es confort visual. En un mundo saturado de filtros de TikTok y experiencias diseñadas para ser fotografiadas, estos lugares ofrecen algo real: honestidad. Son espacios que no pretenden ser otra cosa más que un refugio con sombra, agua fría y una televisión que todavía sintoniza el canal local.

Nota para el viajero: No esperes Wi-Fi de alta velocidad. Aquí se viene a leer una revista vieja, a jugar baraja en la mesa de plástico y a recordar cómo se sentía México cuando el futuro todavía parecía algo lejano.

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