Por Juan Pablo Ojeda
En medio del Foro Económico Mundial de Davos, Donald Trump volvió a colocar a Groenlandia en el centro del debate internacional. El presidente de Estados Unidos aseguró que su interés en que la isla ártica pase a manos estadounidenses no implica el uso de la fuerza, ni ahora ni en el futuro. Según sus propias palabras, no busca una anexión militar, sino abrir de inmediato una negociación política para discutir la posible adquisición del territorio.
Trump presentó su propuesta con una mezcla de ironía y geopolítica. Describió a Groenlandia como “un trozo de hielo, frío y mal ubicado”, pero de inmediato subrayó que ese mismo territorio puede jugar un papel clave en la seguridad global y en la estabilidad de Europa. Desde su perspectiva, Estados Unidos es el único país con la capacidad real de proteger la isla frente a amenazas externas y de desarrollarla de manera estratégica.
El mandatario recordó que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Dinamarca fue ocupada por la Alemania nazi en cuestión de horas, fue Estados Unidos quien asumió la defensa de Groenlandia y estableció bases militares en la zona. Ese antecedente histórico, dijo, refuerza su argumento de que Washington tiene una responsabilidad —y también un derecho— en la seguridad del territorio.
Trump también lanzó un mensaje directo a Dinamarca y a los habitantes de Groenlandia: pueden aceptar la propuesta o rechazarla, pero ambas decisiones tendrán consecuencias en la relación futura con Estados Unidos. Para el presidente, la posible anexión no es una exigencia desmedida, sino una “pequeña petición” si se compara con lo que, según él, su país ha aportado durante décadas a la OTAN.
En ese contexto, el mandatario volvió a criticar a la Alianza Atlántica, al asegurar que Estados Unidos ha cargado con la mayor parte del financiamiento y la defensa colectiva, mientras otros socios no cumplen con sus compromisos. Bajo esa lógica, insistió en que la titularidad de Groenlandia es necesaria para garantizar su defensa y, por extensión, la de Europa.
Aunque descartó el uso de la fuerza, el discurso de Trump dejó claro que su visión combina presión diplomática, advertencias políticas y una lectura estratégica del Ártico. Groenlandia, más allá de su hielo, se ha convertido para Washington en una pieza clave del tablero mundial.
