Por Juan Pablo Ojeda
El gobierno de Cuba lanzó un mensaje directo a Estados Unidos: no está dispuesto a “vender el país ni ceder ante la amenaza y el chantaje”. Así lo expresó el canciller Bruno Rodríguez, luego de que Washington emitiera declaraciones sobre la isla tras los ataques militares en Venezuela, un episodio que ha elevado la tensión política y militar en la región.
El pronunciamiento del jefe de la diplomacia cubana se dio después de participar en Caracas en un acto de homenaje a las personas fallecidas durante la ofensiva estadounidense para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro. Entre las víctimas, según se informó, se encuentran militares y personal de inteligencia cubanos, lo que ha reforzado la postura de La Habana de cerrar filas en defensa de su soberanía.
Rodríguez fue enfático al señalar que Cuba no renunciará a su derecho a decidir su propio destino ni aceptará presiones externas. Afirmó que la defensa del país es un compromiso firme y demostrado, y que cualquier intento de intimidación será respondido con unidad y resistencia, en línea con la política histórica del gobierno cubano.
En el mismo contexto, se conoció que Estados Unidos reubicó dos embarcaciones militares en el Caribe al norte de Cuba, un movimiento que ha sido interpretado por La Habana como una señal de presión y un recordatorio de las tensiones que han marcado la relación bilateral durante décadas.
Para el canciller cubano, estas acciones forman parte de una estrategia que busca imponer la voluntad estadounidense sobre países soberanos. Recordó que, desde hace más de medio siglo, Cuba ha enfrentado sanciones, amenazas y episodios de agresión, lo que ha moldeado una política exterior centrada en la defensa de la independencia nacional.
Durante el homenaje en Caracas, Rodríguez aseguró que las revoluciones cubana y bolivariana seguirán siendo un referente para otros pueblos de América Latina. En ese discurso, insistió en que ambos procesos políticos comparten una lucha común frente a la presión externa y que continuarán avanzando de manera conjunta.
Este posicionamiento ocurre en un momento clave para Cuba, que observa con atención los cambios en Venezuela, un aliado estratégico y durante años su principal proveedor de energía. La nueva situación en el país sudamericano abre interrogantes para La Habana, tanto en el terreno político como económico, mientras se reacomodan las relaciones en la región.
