Por Bruno Cortés
En plena discusión sobre reducir la jornada laboral en México, el diputado Rubén Moreira Valdez, coordinador del Partido Revolucionario Institucional en la Cámara de Diputados, dejó clara su postura: sí a las 40 horas semanales, pero con una condición clave, que se trabajen cinco días y se descansen dos.
La propuesta puede sonar obvia, pero no lo es. Hoy, muchas personas en México trabajan seis días y descansan uno. Reducir la jornada a 40 horas no necesariamente garantiza que tendrás sábado y domingo libres; todo depende de cómo quede redactada la ley. Lo que plantea el PRI es que el cambio no sea solo en número de horas, sino en la estructura completa de la semana laboral.
Moreira explicó que su bancada apoyará el dictamen, pero insistirá en que lo ideal sería que primero se vote una redacción que deje claro el esquema de cinco días de trabajo por dos de descanso. Reconoció que no cuentan con los votos suficientes para imponer esa modificación, pero dijo que darán la batalla en tribuna. En términos sencillos: aunque saben que la mayoría no está de su lado, quieren dejar constancia de su postura y presionar políticamente.
¿Por qué importa tanto ese detalle? Porque en política pública, las palabras cuentan. No es lo mismo decir “40 horas semanales” que especificar cómo se distribuyen. Para millones de trabajadores, el verdadero cambio no solo está en trabajar menos horas, sino en tener un fin de semana completo para descansar, convivir con la familia o incluso buscar ingresos adicionales. En términos económicos, dos días de descanso también impactan en productividad, consumo y calidad de vida.
Sobre la eventual reforma electoral —tema que ha rondado los pasillos del Congreso— el legislador señaló que su grupo esperará a que el Ejecutivo presente una iniciativa formal. Pidió prudencia y advirtió que el debate no debería convertirse en una discusión que ponga en riesgo la libertad o implique retrocesos democráticos. En otras palabras, el PRI quiere evitar una confrontación que polarice más el ambiente político.
En el fondo, la discusión de las 40 horas no es solo técnica ni partidista. Es una conversación sobre el equilibrio entre trabajo y vida personal en un país donde millones pasan más de ocho horas diarias en su empleo y además enfrentan traslados largos. Lo que propone Rubén Moreira es que la reforma no se quede a medias y que el descanso sea un derecho real, no una interpretación flexible.
Mientras la mayoría legislativa avanza con su versión, el PRI intenta posicionar la suya. Y aunque no tengan los votos, como dijo el propio Moreira, buscan dejar claro que, desde su óptica, la reforma debe garantizar no solo menos horas, sino más tiempo libre efectivo.
