Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, aseguró que la reciente decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos de anular la mayoría de los aranceles globales es una señal clara de que el libre comercio sigue siendo el camino para generar prosperidad y riqueza.
Desde el Palacio Legislativo de San Lázaro, la legisladora puso el tema en términos sencillos: cuando los países se cierran y ponen aranceles altos —es decir, impuestos a lo que se compra y se vende entre naciones— los productos se encarecen, la inversión se frena y los empleos se ponen en riesgo. En cambio, cuando se reducen esas barreras, el comercio fluye, llegan más empresas y se generan oportunidades.
Por eso, dijo, México debe cuidar con seriedad el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En palabras simples, el T-MEC es el acuerdo que permite que muchos productos mexicanos entren a Estados Unidos y Canadá sin pagar impuestos adicionales. Eso beneficia a industrias como la automotriz, la agroalimentaria y la manufacturera, que sostienen millones de empleos en el país.
López Rabadán advirtió que el fallo del máximo tribunal estadounidense no es un asunto lejano ni técnico, sino una decisión con impacto directo en la región. Si Estados Unidos limita los aranceles de manera general, el mensaje es que la ruta correcta es la integración económica y no el proteccionismo. Y en ese escenario, México debe llegar preparado a la próxima revisión del T-MEC.
La diputada explicó que mantener un trato preferencial en materia comercial y arancelaria significa que nuestros productos sigan teniendo ventajas frente a competidores de otras regiones del mundo. Eso, traducido a la vida cotidiana, implica más fábricas instalándose en estados mexicanos, más empleos formales y mejores salarios para miles de familias que dependen del comercio exterior.
También hizo un llamado a fortalecer la seguridad jurídica, es decir, que las reglas sean claras y estables para que las empresas inviertan sin miedo a cambios inesperados. Sin reglas claras, la inversión se va a otros países; con certidumbre, se queda y crece.
En el terreno político, López Rabadán reiteró su solicitud para que legisladores formen parte del llamado “cuarto de al lado” en la negociación comercial. Esta figura permite que el Congreso acompañe técnicamente las conversaciones, aporte puntos de vista y supervise que los intereses nacionales estén bien defendidos. No se trata de protagonismos, dijo, sino de sumar visiones para proteger empleos y crecimiento.
Más allá de colores partidistas, sostuvo que la relación comercial con Estados Unidos y Canadá debe ser una política de Estado. De ella dependen millones de empleos, cadenas de suministro completas y buena parte del ingreso de empresas mexicanas.
Finalmente, destacó el papel de los contrapesos institucionales en Estados Unidos. A su juicio, la decisión judicial demuestra que ningún poder debe concentrarlo todo, porque cuando existen equilibrios, las decisiones pueden revisarse y corregirse. En un contexto global donde las tensiones comerciales han sido constantes, el mensaje —afirmó— es claro: el libre comercio bien regulado sigue siendo una herramienta clave para el desarrollo.
