En medio de un debate que promete ser uno de los más delicados del sexenio, la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, lanzó una advertencia clara desde San Lázaro: una reforma político-electoral mal hecha puede afectar a México durante generaciones. Por eso, dijo, cualquier cambio a las reglas del juego democrático debe tener como punto de partida algo básico pero muchas veces olvidado: que el voto de la gente cuente igual y que nadie juegue como árbitro y competidor al mismo tiempo.
Con un tono directo y pensando en el ciudadano de a pie, la diputada explicó que su propuesta no busca complicar la democracia, sino ordenarla. La idea central es corregir distorsiones que hoy permiten que algunos partidos o gobiernos tengan más poder del que realmente les dieron las urnas. Para ello, presentó un decálogo que, traducido a términos simples, busca que las elecciones sean justas, parejas y limpias.
López Rabadán insistió en que todos los votos deben valer lo mismo y verse reflejados en el Congreso, sin trucos de sobrerrepresentación. También defendió la importancia de contar con autoridades electorales independientes, como el INE y el Tribunal Electoral, que no respondan a intereses políticos ni al gobierno en turno. En pocas palabras, árbitros que no se pongan la camiseta de ningún equipo.
Otro punto clave es evitar que los recursos públicos se usen para inclinar la balanza en campañas, algo que —reconoció— ha sido una tentación constante en la política mexicana. A esto se suma una línea roja: la democracia no puede convivir con el crimen organizado. Para la legisladora, permitir que el dinero ilegal o los grupos criminales se infiltren en campañas y gobiernos es cancelar, en los hechos, la voluntad ciudadana.
La propuesta también apuesta por elecciones bien organizadas, con personal capacitado y profesional, y por gobiernos que realmente cuenten con respaldo mayoritario, incluso planteando una segunda vuelta electoral para fortalecer la legitimidad. Además, subraya que los programas sociales son derechos, no herramientas para presionar o chantajear electoralmente a la población.
Finalmente, López Rabadán defendió el financiamiento público a los partidos como un mal necesario para evitar que el dinero sucio capture la política. A su juicio, reducir o eliminar estos recursos sin controles claros abriría la puerta a intereses ilegales.
La diputada cerró con un llamado al Congreso a actuar con responsabilidad histórica. La reforma electoral, dijo, no debe hacerse para ganar la próxima elección, sino para proteger la democracia de las siguientes generaciones. En un país donde el desencanto con la política es alto, su mensaje busca regresar el foco a lo esencial: que decidir en las urnas siga teniendo sentido.
