En medio del discurso oficial de que “es tiempo de mujeres”, la presidenta de la Mesa Directiva en San Lázaro, Kenia López Rabadán, lanzó una frase que incomoda: “lamentablemente no llegamos todas”. Y no es una consigna, es un diagnóstico.
Desde Durango, la legisladora habló de dos heridas abiertas que, a su juicio, siguen marcando la realidad de miles de mexicanas: la inseguridad y la falta de acceso efectivo a la salud. Lo dijo claro: mientras haya madres que buscan a sus hijos desaparecidos y mujeres que esperan una quimioterapia o una medicina que no llega, no se puede hablar de igualdad plena.
Para quien no está metido en la política diaria, esto tiene una dimensión muy concreta. La seguridad pública es responsabilidad compartida entre Federación, estados y municipios. Si la estrategia falla en coordinación, en inteligencia o en prevención, las consecuencias se ven en las calles y, muchas veces, en los hogares encabezados por mujeres que terminan enfrentando la violencia sin respaldo institucional.
López Rabadán planteó revisar la estrategia de seguridad porque, dijo, los resultados no están a la altura de la crisis. Cuando habla de “corregir el rumbo en los tres poderes”, se refiere a que no basta con discursos del Ejecutivo; el Legislativo debe ajustar leyes y presupuestos, y el Judicial garantizar que haya justicia. Es un engranaje completo: si una pieza falla, el sistema se debilita.
Desde el Congreso —recordó— se han aprobado reformas para combatir delitos como la extorsión. Pero reconoció que aún hay pendientes y que la clave es la coordinación real entre niveles de gobierno. En términos simples: más leyes no sirven si no se aplican bien y si no hay policías, fiscalías y jueces alineados en la misma dirección.
En salud, el señalamiento fue igual de directo. La falta de medicamentos y el reciente brote de sarampión, dijo, evidencian rezagos. Aquí la política pública se traduce en algo muy básico: presupuesto suficiente, compras consolidadas eficientes y distribución oportuna. Si la federación no adquiere las vacunas necesarias o no garantiza el abasto, el impacto lo resienten las familias, especialmente las mujeres que suelen asumir el rol de cuidadoras.
Con 30 años en la vida pública, López Rabadán aseguró que su causa ha sido equilibrar oportunidades para las mujeres. Pero su mensaje en Durango no fue de celebración, sino de advertencia: mientras la inseguridad rebase a las autoridades y el sistema de salud tenga fallas estructurales, el avance será parcial.
En el fondo, la discusión no es solo política, es institucional. ¿Alcanza lo que se ha hecho? ¿Se están usando bien los recursos? ¿Hay coordinación real entre poderes y niveles de gobierno? Son preguntas que no se resuelven en un discurso, sino en resultados medibles.
Porque más allá de eslóganes, la igualdad se mide en algo sencillo: que ninguna mujer tenga que buscar sola a su hijo y que ninguna espere sin respuesta un tratamiento médico.
