Jesús Ortega pide reforma electoral sin regreso al pasado

Por Bruno Cortés

 

En la Cámara de Diputados volvió a ponerse sobre la mesa un tema que, aunque suena técnico, define cómo se elige el poder en México: la posible reforma político-electoral. Y ahí, Jesús Ortega Martínez, integrante del Frente Amplio Democrático, lanzó una advertencia directa: cualquier cambio no puede convertirse en un regreso al viejo modelo del “partido de Estado” ni al presidencialismo autoritario.

Dicho en palabras simples, lo que está en discusión es cómo se organizan las elecciones, quién las vigila y qué tan equilibrada queda la representación en el Congreso. Ortega lo resumió en tres exigencias claras: que el órgano electoral sea autónomo, que no haya ni subrepresentación ni sobrerrepresentación en las cámaras, y que el Tribunal Electoral actúe con verdadera independencia.

¿Eso qué significa para alguien que no vive pegado al Diario Oficial? Que el árbitro de las elecciones —hoy el INE y el Tribunal Electoral— no esté sometido al gobierno en turno. Que los votos se traduzcan en escaños de manera proporcional y justa, sin que un partido tenga más diputados de los que realmente le corresponden por porcentaje de votación. Y que, si hay conflictos, quien los resuelva no tenga línea política.

Ortega fue más allá y advirtió que si el régimen cierra espacios de participación y no escucha a la ciudadanía, se corre el riesgo de repetir errores históricos. Recordó que cuando un sistema se cierra demasiado y deja de escuchar, la tensión social crece. En su lectura, por eso es indispensable abrir el debate y no imponer reglas desde el poder.

También alertó sobre lo que considera una presión constante hacia medios de comunicación, periodistas y oposición. Según su planteamiento, cuando las críticas se descalifican de manera sistemática, se debilitan los contrapesos que sostienen a una democracia.

El Frente Amplio Democrático, aclaró, no tiene vínculo orgánico con los partidos que buscan registro. Se define más como un espacio ciudadano que busca defender libertades civiles, voto libre y vida democrática. Su apuesta es que cualquier reforma electoral se construya con consensos y no con mayorías automáticas.

Por eso insistieron en la necesidad de un Parlamento Abierto. En términos prácticos, eso implica mesas públicas, participación de expertos, académicos, jóvenes y organizaciones civiles, y que el proyecto de reforma se discuta de cara a la sociedad. José Mario de la Garza pidió que la comisión presidencial que redacta la propuesta haga públicos sus trabajos antes de enviarlos formalmente al Congreso. María José Gómez Mont reforzó la idea: “no se puede legislar a oscuras”.

Lo que viene en el Congreso no será una discusión menor. Una reforma electoral no solo modifica reglas técnicas; redefine el equilibrio del poder político en el país. Y en ese terreno, Jesús Ortega y el Frente Amplio Democrático buscan colocar un mensaje central: sí a la reforma, pero sin retrocesos, sin imposiciones y con reglas claras que garanticen competencia real y voto libre.

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