Por Bruno Cortés
La discusión sobre la pirotecnia llegó al Congreso con un enfoque distinto al de otros años: no se trata de cancelar tradiciones, sino de reducir riesgos reales para las personas, los animales y el medio ambiente. Con ese objetivo, las diputadas de Movimiento Ciudadano Laura Iraís Ballesteros Mancilla e Iraís Virginia Reyes de la Torre, junto con el diputado Miguel Ángel Sánchez Rivera, presentaron una iniciativa para reformar la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos y prohibir el uso de fósforo blanco en fuegos artificiales y municiones.
La propuesta parte de una idea sencilla: hoy la pirotecnia está poco regulada y eso tiene consecuencias graves. Explosiones en talleres, incendios en viviendas, personas heridas y pérdidas humanas se repiten año con año, sobre todo en lugares donde se fabrican estos productos sin supervisión. Los legisladores señalan que el problema no está solo en el uso final, sino desde la producción, el almacenamiento y el transporte.
Uno de los puntos centrales de la iniciativa es prohibir cualquier artículo pirotécnico que contenga fósforo blanco, una sustancia altamente peligrosa. De acuerdo con organismos internacionales de salud, este material puede causar quemaduras profundas, daños severos a la piel, a las vías respiratorias e incluso afectar los huesos, ya sea por contacto, inhalación o ingestión. Además, su uso en fuegos artificiales libera contaminantes que permanecen en la atmósfera durante días.
La iniciativa también plantea que los artificios pirotécnicos que sí se permitan deberán cumplir estándares estrictos definidos por la Secretaría de la Defensa Nacional. Esto implica procesos de fabricación más seguros, técnicas que reduzcan riesgos y un control claro de quién produce cada artículo, obligando a que los empaques indiquen el número de permiso del laboratorio responsable.
El diagnóstico que acompaña la propuesta es contundente. Datos oficiales muestran que la pirotecnia es una de las principales causas de accidentes relacionados con sustancias peligrosas en el país. Entre 2003 y 2021 se registraron cientos de incidentes, muchos de ellos en talleres clandestinos que operan sin autorización y concentran la mayor parte de los casos. También hay accidentes en casas donde se almacena pirotecnia y en eventos masivos, como fiestas patronales o peregrinaciones.
Para los promoventes, el reto es encontrar un equilibrio. Reconocen que la pirotecnia forma parte de la vida cultural de muchas comunidades, pero advierten que seguir como hasta ahora implica aceptar un nivel de riesgo innecesario. Por eso, la iniciativa busca una regulación más moderna que permita celebrar sin poner en peligro a quienes fabrican, transportan o usan estos productos, ni afectar al entorno.
El proyecto ya fue turnado a la Comisión de Defensa Nacional, donde se analizarán los cambios a los artículos clave de la ley. Si avanza, marcaría un giro importante en la forma en que México regula la pirotecnia: menos improvisación, más control y una prioridad clara por la seguridad y la salud pública.
