Por Juan Pablo Ojeda
El mensaje llegó desde Washington y no pasó desapercibido en la región. A través de su Estrategia de Defensa Nacional 2026, el Departamento de Guerra de Estados Unidos lanzó una advertencia directa: si los países de América Latina, incluido México, no logran debilitar de manera efectiva a los grupos criminales, el gobierno estadounidense está dispuesto a actuar “de forma decisiva” contra lo que define como organizaciones narcoterroristas.
El documento, publicado la semana pasada, deja claro que la prioridad de Estados Unidos es proteger su seguridad, su libertad y su prosperidad. Bajo esa lógica, plantea una visión de defensa mucho más amplia que no se limita a su territorio, sino que abarca todo el hemisferio occidental. En términos sencillos, Washington considera que lo que ocurre al sur de su frontera impacta directamente en su estabilidad interna.
Desde la introducción del texto, el Departamento de Guerra señala que reforzará el control de sus fronteras terrestres y marítimas, además de la defensa aérea mediante el llamado “Domo Dorado para América”, un sistema pensado para enfrentar nuevas amenazas, como drones y ataques no tripulados. A la par, reafirma su compromiso con una disuasión nuclear moderna, defensas cibernéticas más fuertes y la persecución de grupos terroristas con capacidad de atacar suelo estadounidense.
Pero el punto que más atención genera en México es el enfoque regional. El documento afirma que Estados Unidos defenderá de manera activa sus intereses en todo el hemisferio, garantizará el acceso militar y comercial a zonas estratégicas como el Canal de Panamá, el Golfo de América y Groenlandia, y proporcionará al presidente Donald Trump opciones militares “creíbles” para actuar contra narcoterroristas en cualquier lugar donde se encuentren.
Aunque el texto habla de cooperación de buena fe con sus vecinos, desde Canadá hasta América Latina, también establece una condición clara: todos los países deben cumplir con su parte. Si no lo hacen, advierte, Estados Unidos está listo para tomar “medidas enfocadas y decisivas” para proteger sus intereses. A esta postura la define como el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, una referencia histórica que refuerza la idea de influencia estadounidense en la región.
Más adelante, el documento lanza una crítica directa a sus aliados y socios, entre ellos México. Señala que sería menor el riesgo de amenazas coordinadas si estos países hubieran invertido más en su defensa durante las últimas décadas. En lugar de ello, afirma, muchos optaron por reducir su gasto militar y priorizar recursos en bienestar social y programas internos, confiando en que Estados Unidos asumiría el papel de garante de la seguridad regional.
Aun así, el texto reconoce que México y Canadá tienen un rol relevante en la defensa del hemisferio occidental. Destaca su colaboración con el Departamento de Guerra y otras agencias estadounidenses para impedir que migrantes irregulares y narcoterroristas lleguen a territorio estadounidense. El mensaje final es claro: la cooperación sigue siendo la vía preferida, pero la advertencia está sobre la mesa y marca un nuevo tono en la relación de seguridad entre Estados Unidos y sus vecinos.
